17May

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Desde hace 17 aos me dedico a recorrer compulsivamente el mundo. He rodado documentales, he escrito libros y reportajes desde unos 40 países de frica, Asia y América Latina. He colaborado con El País, Rolling Stone, El Mundo, La Voz de Galicia, La Nación, El Cronista, Cadena Ser, RNE.

Fue en la década de 1890 cuando los primeros equipos caribeos empezaron a participar en giras por la metrópoli. En 1928, el equipo recibió estatus de selección nacional. Pese a los sucesivos procesos de independencia, el equipo se mantuvo unido.. Voy a contarles un secreto: así como Olive en Easy A confiesa que quisiera vivir en una película escrita por John Hughes, yo siempre voy a querer ser parte de una historia del mundo de Wes Anderson, y también siempre voy a querer que Alex Turner soundtrackee mi vida. Pero muchas veces ya me pasó que por dos razones termino bajándome de estas cosas: por no ser (o por no creerme) capaz de hacer lo que el concurso requiere para poder participar, o por la maldita falta de tiempo. En este caso me atacó por los dos costados, puedo tener millones de ideas de videos (suelo imaginarme una historia cuando escucho ciertas canciones) pero no sé filmar, ni nada de edición ni cómo hacer un video (y no digo profesionalmente, ahí sí que estoy a aos luz); y después con el trabajo y con el momento en que me encuentro con la facultad, veía que no encontraba de dónde sacar tiempo para hacer algo.

Precisamente, fue en el béisbol donde Thorpe siguió su carrera. En 1913 empezó a jugar en los New York Giants. Luego pasó por los Cincinnati Reds y por los Boston Braves, el último equipo en el que jugó (1919). Premiada en los festivales de Cannes, Sevilla y Barcelona, y convertida en una de las películas europeas del ao, La fábrica de nada se acerca a la triste realidad de muchos trabajadores no sólo en su país de origen, Portugal, sino en toda Europa. Con el objetivo de no perder de vista el carácter lúdico, al que contribuye con notas de humor, y la capacidad de sorprender de esta película, el director Pedro Pinho (Um fim do mundo) cuenta un drama social en constante evolución. La encarnizada batalla entre los empleados de una fábrica de ascensores y sus jefes sirve para plasmar en este microcosmos la impotencia que sienten los cientos de miles de personas que han tenido que afrontar una situación semejante, y cómo ésta influye en sus vidas.

I had thoughts about him I hardly knew what to do with, and he read every one. Whatever I wanted, he gave himself up to, and in that moment everything I knew to be true about myself until then was gone. I was acting like another woman, yet I was more myself than ever before.

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